Desde la declaración de Menorca como Reserva de la Biosfera en 1993 se ha luchado contra amenazas para las rapaces como la pérdida de hábitat, las electrocuciones y el veneno. Las actuaciones se han centrado en tres emblemas –el milano real, el alimoche y el águila pescadora– pero han beneficiado también a otras muchas especies.
Por Félix de Pablo
A pesar del reducido tamaño de Menorca, unos setecientos kilómetros cuadrados, esta isla atesora una interesante población de rapaces, algunas sedentarias y otras invernantes, estivales o migrantes. Su estratégica situación en medio del Mediterráneo occidental la convierte en un importante lugar de paso en las migraciones primaverales y otoñales de las aves. Además, sus atemperadas temperaturas invernales proporcionan el clima idóneo para que especies norteñas puedan escapar de los fríos inviernos y encontrar aquí abundante alimento.
Menorca es Reserva de la Biosfera de la Unesco desde 1993, hecho por el que se adquirió el compromiso de compatibilizar la conservación del territorio y de la biodiversidad con el desarrollo social y económico de las personas que viven en la isla. Al tratarse de un medio insular, pequeño y con una importante presión turística, el trabajo es arduo y complicado.
AUTOR
Félix de Pablo Pons (felix.depablo@cime.es), doctor en ciencias biológicas, ha trabajado principalmente en conservación de rapaces insulares, centrándose tanto en investigación como en divulgación. Trabaja como técnico de biodiversidad en el Departamento de Medio Ambiente y Reserva de Biosfera del Consell Insular de Menorca.
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Centro de Documentación de la Reserva de la Biosfera / Publicaciones sobre rapaces
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